Para el señor Racine lo más importante del mundo es su tranquilidad. Su tranquilidad y las peras que cultiva en su huerto.
Un mal día, ítodas las peras desaparecen!, devoradas por una bestia muy golosa. Una bestia que no aparece en ninguna enciclopedia científica. El señor Racine descubre que la criatura tiene un carácter dócil y juguetón, y muy pronto se hacen buenos amigos.
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El señor Racine nos enseña que lo más bonito en la vida no se puede comprar con dinero, que lo más raro puede ser, en realidad, precioso... y que la primera norma para ser feliz es no tomarse las cosas demasiado en serio.